Corriendo por una cinta de Moebius, así es como podriamos representar a la sociedad globalizada. Atrapada en una carrera sin fin que siempre le devuelve al mismo punto de partida.  Un constante perseguir una meta que constantemente se nos escapa. 

     El capitalismo moderno,  el capitalismo sin complejos, encuentra uno de sus pilares en la necesidad de constante crecimiento. Las empresas no pretenden cubrir tal o cual necesidad, ni tan siquiera construir medio de trabajo (bien remunerado) para el empresario, sino que su objetivo es el constante incremento de sus beneficios. Esta descripción del espíritu empresarial, no aporta nada nuevo, es incluso tópica, pero cabe subrayarla puesto que en la actualidad tal voracidad se ha visto incluso acrecentada. A este respecto cabe mencionar que una de las figuras representativas del capitalismo moderno son los "private equities" (las entidades de capital de riesgo), las cuales se dedican a comprar participaciones en empresas, para reorganizarlas (racionalización de la produccción, reestructuración de plantilla, reducción salarial...), absorviendo todos los recursos posibles de la empresa para pagar los posibles intereses de los prestamos, y a continuación vender la empresa y repartir dividendos entre los inversores. Este tipo de fondos no realizan una gestión largo-placista de la empresa que participan, ni presentan el tan manido amor por la empresa, por su historia que, a menudo intentan transmitirnos en su publicidasd muchos empresas, o que suele asociarse a empresas familiares o a modelos como el japones. En este caso lo que prima es el obtener beneficios rápidos, aumentar el interes repartido entre los inversiones, en los pocos años, incluso meses durante los que se controla la empresa.

    En cualquier caso, a pesar de los modos del capitalismo moderno esta falta de escrúpulos , esta insaciable voracidad tampoco constituya una novedad, tal vez no sea más que el espíritu de poder que impulso a Alejandro Magno hacia oriente, a los españoles a las americas, a las potencias del XIX al colonialismo... ahora bajo la nueva y difusa egida del capital, de las corporaciones económicas. Pero sí que aparece un nuevo elemento que diferencia la actual situación, a saber: la globalización de la competencia. Este fenómeno ha encontrado dos pilares sobre los que montarse. En primer lugar, la extensión de la economía de mercado con la extensión de políticas cada vez menos intervencionistas y la progresiva caída de aranceles que la han acompañado. Por otra parte, el desarrollo de los medios de transporte y comunicación, que han permitido realizar gestiones, compras etc. en tiempo real en cualquier parte del mundo,  y luego poder transportarlas de una forma rápida y barata al otro lado del planeta. Con todo esto aparece un mercado global, las empresas ya no se ven forzadas (salvo excepciones como productos de lujo) a tener un ámbito local, una fábrica puede producir en una parte del mundo y competir con otras situadas en otro continente sabiendo que van a ser mucho mayores los costes de producción que de transporte. Esta competencia por otro lado también se ha extendido al ámbito laboral; el mercado ya no solo es de productos, sino que también son las fabricas y trabajadores las que se deslocalizan o emigran por toda la geografía planetaria.

         El verdadero problema de todo este moviento, de esta competitividad globalizada es que se apoya en una lógica perversa. El objetivo de no es alcanzar unas condiciones de vida X, o incluso ir mejorando, la obsesión de toda empresa, y de los mismos estados es crecer más que el otro. Cuando se habla de crecimiento del PIB, uno de los datos más utilizados para medir la evolución de la economía de un país, lo importante no es como parecería lógico si crececemos o no; El discurso por ejemplo en relación a un crecimiento del 3,6% para España en x año, no se fijaría en el hecho de si hay o no hay crecimiento, sino más bien en si es mayor o no que la zona euro, que el crecimiento mundil, que el de EEUU. Pero lo peor es que todo esto tiene una base, de que el mismo sistema te obliga a realizar este tipo de análisis. En un sistema competitivo el objetivo no es correr los 100 metros en 10 segundos, sino llegar el primer (y solo hay uno que llega el primero), del mismo modo con el actual modelo económico no es suficiente con alcanzar una sociedad que pueda generar x beneficios para sus miembros, sino colocarse en una situación de dominio en el mercado que es lo que impedirá tu desaparacición, para lo cual hay que seguir entrenando, siempre más, puesto que tu rival también lo hará.

    En un sistema de competencia extrema todos deben dar lo máximo de sí mismos, hacer lo que este dispuesto a hacer el que esté a la cabeza. Si hay ciertas partes del mundo que por necesidad están dispuestas a trabajar más horas, por menos dinero, allí se irán las empresas, y en el resto del mundo se verán forzados a imitar el modelo si no pretenden quedar excluidas del sistema, abocadas al paro.

    Ante esto se alega los paises con unas mejores condicones laborales, pueden compensar la situación inviertiendo en I+D, en educación, especializandose en actividades con mayor valor añadido, etc. Pero esto no es más que parche, una postura infantil, etnocentrica, apoyada en la creencia post-colonialista de que el otro no va a tener la capacidad de responder, puesto que es intrínsecamente inferior. Si analizamos la realidad, vemos que paises como China o India, aunque todavía mantengan importantes desigualdades sociales, también están invirtiendo en conocimiento, que producen constantemente buenas universidades, que obtienen buenos resultados en los informes educativos (ver Hong Kong en los diversos informes PISA), científicos (por ejemplo informáticos dispuestos a trabajar por mucho menos de los que cobra un homólogo europeo o norteamericano). Generan aunque sea de forma restringida (en ciertas areas, castas...) recursos como para poder competir en otros ámbitos que la simple manifactura.

    El problema no es China, ni ningún otro país emergente, sino el hecho de que con este modelo económico siempre habrá algún necesitado dispuesto o trabajar por menos, y con la globalización, los estados nacionales ya no tienen fuerza para controlar a los capitales. En los siglos XIX y XX las empresas presentaban muchas dificultades para su deslocalización, por lo que, los poderes públicos tenian capacidad para contrarestar políticas excesivamente agresivas. Pero en la actualidad, al no existir un poder claro de la opinión pública a nivel global, se diluye este contrapeso, quedando solo la libre competencia. Nos encontramos ante un sistema que en sí favorece una creciente explotación de la población mundial, así como en esta carrera sin fin, un creciente e incontrolado consumo de recursos, producción de contaminantes etc.

 Tal vez, aunque esto ya se sale del objetivo del presente escrito, sea necesario buscar nuevos modelos más racionales, o buscar la construcción de entidades supra-nacionales que puedan contrarestar el poder que actualmente han alcanzado las grandes coorporaciones. Aunque todo esto nos lleve a un tema mucho más complejo y que dejo para otra ocasión.